Edge of the World en Arabia Saudi

Aprovechando mi estancia en Arabia Saudita fuimos un dÃa a visitar un lugar llamado Edge of the World a un par de horas de camino de la capital Riyadh. Nuestro recorrido inició por la carretera que te lleva fuera de la ciudad hacia el oeste. Después de una media hora nos paramos cerca de una choza; ahà iniciaba otro camino a través del desierto esta vez. Dejamos el asfalto para meternos en el interior d una zona que poco conocÃamos, por suerte nos acompañaba un conocedor de la zona que aparentemente sabÃa por dónde iba. Seguramente la presencia del GPS nos daba a todos mas confianza, pero tenÃamos que dejar entre las manos del conductor principal nuestra suerte.

Iniciamos asà un recorrido de aproximadamente una hora y media por el desierto de la meseta central de la penÃnsula arábica que no es como muchos lo han de creer: solamente de arena, sino que es una zona rocosa con una abundante presencia arenosa. Cruzamos en un par de ocasiones unas manadas de borregos guiadas por un humano salido de las profundidades del tiempo. De vez en cuando un camello a lo lejos nos iniciaba que en algún lugar habÃa vida, aunque esta aparentemente no se viera.
El calor era sofocante a pesar de que no estábamos en plena temporada de verano. De hecho tan sólo estábamos por arriba de los 40° (en verano la temperatura promedio era de unos 55°).
Por fin llegamos al lugar tan esperado, el final del mundo. En realidad en final de la meseta central de Arabia de la cual les hablaba anteriormente y sobre la cual es ha construido al capital del paÃs.
Un espectáculo impresionante.

A nuestros pies un abismo de roca con abajo, muy abajo tierra, inalcanzable, demasiado abajo, demasiado lejos. A nuestros pies la tierra se corta en una vertical casi perfecta. Como una montaña pero sin en desnivel gradual. Centenares de metros de caÃda libre, centenares de metros de una pared de roca. Ya estabamos extasiados de poder tener el privilegio de visir esta experiencia cuando a lo lejos, a nuestros pies empezábamos a vislumbrar un pequeña nube, casi nada. Nosotros ahÃ, felices tomando fotos, gritando a lo cuatro vientos, sintiéndonos libres, con el mundo y la “civilizaciónâ€? atrás.
Pero de repente esa pequeña nube que veÃamos parecÃa acercare a la pared de roca sobre la cual estábamos y su tamaño crecÃa de manara sorprendente. Fue entonces cuando nuestro guÃa decidió que era tiempo de retirarnos. Por supuesto nosotros querÃamos más, no tenÃamos la intensión de perdernos de este espectáculo a causa de los temores de nuestro guÃa. Sin embargo nuestro gran valor frente a lo desconocido duró poco. Sin tan siquiera darnos cuenta, la pequeña nube de polvo se estaba transformando en una tormenta de arena que no parecÃa estar muy impresionada con la pared de roca que tenia enfrente. Pudimos ver cómo súbitamente el polvo, la arena transportada por el viento subÃa por las laderas hacia nosotros. Fue entonces cuando iniciamos una rápida retirada. Unos minutos después ya dentro de nuestros Jeeps estábamos parcialmente alcanzados por un implacable viento lleno de arena que te pica por todas partes.

Para realmente saber lo que es, hay que vivir una tormenta de arena. Cualquier discurso no es nada frente a la sensación de sentirse invadido por arena. Puedes estar encerrado en tu coche, en tu casa y encuentras arena adentro, hay tanta, es tan fina, que no sabes por donde entro. Los ojos te pican, sientes piquetes en la piel, sientes que algo crujiente esta en tu boca, cerrada, en fin, es una experiencia algo desagradable.
Con la tormenta de arena que nos perseguÃa no habÃa mucho tiempo que perder y nuestros choferes, el guÃa manejando el primer Jeep y una amigo manejando el segundo en el cual yo estaba, lo sabÃan. Iban manejando muy rápido visto las circunstancias y por momentos debo de admitir que no estaba seguro si llegarÃamos a buen puerto. Asà transcurrió más de una hora deslizándonos a gran velocidad entre las rocas y las dunas de arenas, confinados en el conocimiento y la destreza de nuestro guÃa; Pero llegamos bien. Sin que pudiéramos darnos cuenta llegamos repentinamente a una carretera de asfalto otra vez, y vi como una luz de esperanza la choza que habÃamos dejado a orillas de la carretera antes de adentrarnos hacia el fin del Mundo.

A partir de ahora ya nada nos impedirÃa llegar a casa para abrirnos como verdaderos héroes unas botellas de vino para brindar por esta aventura.
Botellas de vino que es sà representaban un peligro en un paÃs donde el alcohol estaba estrictamente prohibido y donde el simple hecho de poseer una botella te podÃa llevar a la cárcel. Pero esa es otra historia.









