Algo diferente, México|30/10/2007 9:02 am

Día de Muertos en el Barrio de la Merced de San Cristóbal de las Casas

En el barrio de La Merced de San Cristóbal de las Casas los muertos disfrutan su fiesta con los platillos que más degustaron en vida y que son los más específicamente coletos: sopa de pan, tamalitos de frijol con mumu (yerba santa) y chalupas con carne de puerco, betabel y zanahoria.

Para mojar estos alimentos y garantizar buena digestión a los visitantes, sus familiares pondrán en los altares de ofrenda café, chocolate, atole de granillo (maíz agrio); panes de muerto dulces, salados o ácimos; frutas de la estación; cervezas, vinos industrializados y posh, bebida tradicional mestiza elaborada con maíz fermentado y aguardiente de caña.

Y para que estén alegres y no extrañen el cielo, el purgatorio ni el infierno o donde estén, sus deudos llevarán a sus tumbas, junto con flores de cempasúchil, candelas, papel picado y siete platos de mole negro, música de marimba, arpa, tambor y pito, rondalla o grabada con las canciones que más gustaron.

El recinto instalará este año, a partir del 31 de octubre y hasta el 6 de noviembre, una exposición de altares y ofrendas de Día de Muertos en colaboración con la Escuela Primaria Dicet, vecina del museo en el barrio de La Merced. El contenido de la muestra se limitará a imágenes de la tradición funeraria barrial e incluirá fotografías y textos literarios.

La exposición incluirá la representación de tres obras de teatro creadas por los alumnos de la escuela Dicet, basadas en leyendas e historias reales del barrio de La Merced y relacionadas con la tradición funeraria local. Estos relatos fueron recogidos por los estudiantes en años anteriores de la voz de sus padres y abuelos.

El culto a los muertos en México data de varios siglos antes de la era cristiana, y su expresión actual incorpora componentes rituales celtas, también prerromanos, que a partir del siglo IV (321 d. C.) adoptó la iglesia católica en la tradición de Fieles Difuntos y Todos los Santos.

Los pueblos mesoamericanos disponían de dos calendarios paralelos, uno de 260 días y otro de 360, ambos con meses de 20 días. Los mexicas dedicaban a los muertos siete mensuales, uno de las cuales coincidía en fecha con la tradición europea de Todos los Santos y Fieles Difuntos.

El significado de algunos elementos simbólicos de los altares y ofrendas son los siguientes: las flores de cempasúchil, el más extendido en el plano nacional, tienen la particularidad de que sus semillas maduran cuando la planta está floreciendo, lo que evita que se marchite pronto y la atribuye de una fuerza anímica vital.

De acuerdo con la creencia de los antiguos mexicanos, el aroma de esta flor es similar al tonal (alma) de los hombres y sus emanaciones representan la parte etérea y celeste de la ofrenda, lográndose una comunicación mejor con los muertos. La luz de la velas invoca el Sol y el humo de copal es alimento de las divinidades celestes.

La muestra del Día de Muertos del Museo de Culturas Populares de Chiapas, dependiente de la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Culturas y las Artes (CNCA), Unidad Regional Chiapas, incluirá un altar de ofrenda al recién desparecido historiador francés André Aubry, fallecido el pasado 20 de septiembre.

El 7 de noviembre de 2003, la Fiesta del Día de Muertos de México fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO), como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, junto con otras 27 tradiciones culturales de otras naciones.

Conaculta

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