San José del Carmen (Parte3)
Les contaré lo que vi, sin dar opiniones personales, sin emitir juicios y sin críticas, pues no fui a eso:
Mientras los jinetes siguen tomando y esperando, observo a un par de animales atados de las patas custodiados por un grupo de niños, me acerco y les pregunto para qué los tienen atados, y me explican que para que no corran pues serán enterrados hasta el cuello para probar la habilidad de los jinetes que tendrán que agacharse a galope, hasta el nivel del piso para intentar tomar a la gallina o al gallo que tienen para esa suerte, del pescuezo o de la cabeza y sacarlo. Se considera ganador quien logra sacarlo de un tirón de la tierra sin caerse del caballo. Por supuesto que igual se considera ganador si sólo logra quedarse con la cabeza.
Afortunadamente la tierra está bastante suelta y entierran al animalito sin apretar mucho. ¿afortunadamente? bueno, es un decir, ya que si no muere por el jalón de más de alguno de los concursantes, muere golpeado por los cascos de los caballos de los jinetes que no parecen tener muy en cuenta al animal enterrado a flor de tierra y cabalgan ya con el efecto de algunas cervezas, para intentar una, y otra, y otra vez…arrancar al ave de la tierra.
En vista de lo difícil de la suerte, cortan una vara verde en forma de pincho y “atoran” la cabeza de la gallina para que no “se cuelgue”.
En varias ocasiones creí que estaba muerta, muchos saben que “cuelgan el pico” al morir, y a veces no se movía y se notaba su cabeza flácida . Uno de los muchachos incluso se acercó enojado al ave, y la arrancó del piso, a lo cual esta empezó a cacaraquear y las personas le decían que ya la dejara ir, cosas que terminó haciendo.
Tocó su turno al gallo, y de plano mejor le ataron un mecatito para facilitar la tarea de sacarlo, pues realmente es difícil inclinarse tanto del lomo del caballo y atinar en donde quedó el animal o lo que se ve de él en la carrera del jinete a galope. Su cresta parecía una flor roja, apenas visible en un campo arado, por efecto de los pozos y surcos que los cascos que los caballos formaban.
Por esta razón, mi mamá desde que estaba la gallina…no pudo más.
Para esto, ya comenzaba a oscurecer, la tarde fue genial para la festividad, la gente se mostraba contenta pues en esa zona suele llover en forma torrencial, y existía el miedo de que eso malograra su fiesta, cosa que no ocurrió afortunadamente para ellos…y para nosotros, que escuchamos mariachi, convivimos con la gente, nos reímos y asustamos con la caída de mas de alguno de los concursantes, nos admiramos con sus suertes, nos unimos a los gritos de “¡Beso, beso!” con que los animaban a reclamar su premio a los jinetes que algunos penosos no cobraron y ahogamos sentimientos para no externar nada que pudiera molestar a los habitantes de tan hospitalario lugar.









