La ciudad de los festivales de verano

Hace ya tres meses que vivo en Montreal. Tras la impresionante experiencia de haber vivido un par de años en plena Ciudad de México, me preguntaba qué tan animada encontraría la atmósfera de una ciudad mediana (3 y pico millones de habitantes. Grande para Canadá, minúscula comparada con el DF).
Hasta el momento, nada de que preocuparse a este respecto. Tuve la suerte de llegar en la temporada en la que, a decir de muchos québécois (pronúnciese kebecuás), la ciudad brinda su mejor cara. Y es que llegué en junio, justo un par de semanas antes de que comenzara la 28ava edición del famoso festival de Jazz de Montreal. Del 28 de junio y hasta el 8 de julio, el centro de la ciudad se consagró a la buena música, con una gran variedad de conciertos, la gran mayoría gratuitos. El encargado de clausurar el evento fue el músico argelino-francés Rachid Taha, quien logró poner a bailar a los casi siempre serios asistentes.
Después del festival de Jazz le tocó el turno al concurso internacional de L’International des Feux Loto-Québec, en el que delegaciones de ocho países participaron durante los miércoles y sábados del 20 de junio al 28 de julio, demostrando su dominio del arte de los fuegos artificiales, cuyo despliegue se sincronizaba con un tema musical. Este año, Gran Bretaña fue el país que se adjudicó el triunfo.

Coincidiendo con estas fechas, el festival Juste pour rire (sólo por reír) fue bastante solicitado, y con mucha razón. Para quienes quisieron ver a alguno de los cómicos consagrados que participaron en el evento, hubo espectáculos en varios teatros del centro de la ciudad. Para quienes no éramos verdaderos fans o preferimos no pagar y pasarnos las tardes y las noches en la calle asistiendo a los demás espectáculos, hubo de todo: teatro callejero, filmación de cortometrajes, espectáculos multidisciplinarios, duelo de break dance, proyección de películas, etcétera etcétera.

Por si todo esto no fuera suficiente para llenar la agenda de cosas por hacer, al jocoso sólo por reír le siguió el de Les FrancoFolies de Montreal (una semana en la que se presentaron artistas y grupos que cantan en francés), seguido por los festivales de la música africana, las noches de tango, la semana de la música latina, y así por veinte páginas.
Obviamente y después de esta breve reseña acerca de la fiebre de actividades que hay en esta ciudad de mayo a agosto de cada año, recomiendo mucho venir a hacer turismo durante el verano.
Ahora que el otoño ha comenzado - y tras las infames semanas en las que tuvimos temperaturas de 29 grados durante las noches y hasta 33 durante el día- , el termómetro comienza su lento pero inexorable descenso. Ya no será el turno de los festivales callejeros, pero espera toda una serie de actividades que iré reseñando poco a poco en este espacio.












